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POST-TREMOLINA

Japanese Food

Japanese Food

El concepto de cocina minimalista es algo que no creo que arraigue nunca en Irlanda. Durante dos noches intentamos dar un descanso a nuestros estómagos en alguno de los numerosos restaurantes japoneses de Dublín, pero en ellos las raciones son tas disformes como en los de cualquier pub del Southside. Ni que decir tiene que no son los mejores y más exquisitos restaurantes japoneses del mundo, pero durante una semana hemos sido turistas sin escrúpulos.
En Wagamama sirven noddles a buen precio. No es necesario pedir un menu completo para encontrarse desbordado de comida. Con un simple bol del menú principal el turista hambriento encontrará problemas para no disgustar al camarero dejando algo sin comer. Sitio moderno pero de comida más que decente y en la media de los 20 euros. Es en plan sidrería con bancos corridos y no sabes al lado de quién te pueden sentar, lo cuál tiene su gracia para poder espiar con comodidad las costumbres de los aborígenes.
Otra opción son los económicos entrantes (a menos de 5 euros cada uno). Una sopa de Miso y unas empanadillas pueden ser una buena alternativa.
En el AYA tienes dos opciones; menú (entrante, plato principal, postre, bebida y café por 30 Euros) o Sushi Bar, pagando los platos que comas. El color del plato identifica el precio de lo que te vas a comer. Si no quieres menú y optas solo por un plato principal, tampoco te vas a arrepentir. Es absolutamente recomendable el Salmón Tereyaki, que lo puedes elegir con arroz blanco o integral. El principal de Sushi es un planto la mar de contundente. En el sushi bar el postre puede tardar algo en salir, pero la paciencia será recompensada. De domingo a viernes tienen la oferta sushi 55. Empieza a las 16:00 horas y durante 55 minutos puedes comer todo lo que quieras en el sushi bar por 30 euros , y te dan una bebida y una sopa de miso. Los Sábados la oferta es a partir de las 17:00.
Solo decir que el servicio en ambos sitios ,como en casi todos los lugares de Irlanda es muy amable. En el Wagamaga, ante nuestra indecisión con el vino, M. Fue obsequiado con una copa de sake caliente. En el Aya nos incluyeron en el precio del menu el postre más caro de los dos que pedimos y que valía casi el doble, nueve euros y medio.

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