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POST-TREMOLINA

Irlanda de la A a La Z

Perdido en Connemara

Perdido en Connemara

Mis tres fotos favoritas de mis vacaciones del 2006 son tres instantáneas borrosas y oscuras sacadas en un viaje en coche por Connemara. Wittgenstein, que durante el año de 1948 vivió allí escribiendo el Philosophical Investigations, dijo que esa región era “uno de los últimos focos de oscuridad de Europa”. A día de hoy saberse perdido en ese lugar y viendo que la noche se le cae a uno encima puede sumirte en un mar de preocupaciones.
Las tres fotos reflejan ese estado de confusión. Se realizaron con la cámara deshechable más barata que pude encontrar, 5 euros, y gracias a reacciones químicas impredecibles y a una luz que ya era penumbra el resultado sería válido para ilustrar un disco de Post-Rock tardio.

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Últimas impresiones Moleskine de la huida a Irlanda:

Últimas impresiones Moleskine de la huida a Irlanda:

>-El Pet Sounds levanta pasiones entre los irlandeses. Solo hace falta ponerse la camiseta adecuada para comprobarlo. En un pub los vecinos de mesa no pueden contenerse más y sueltan toda clase de halagos hacia los de Brian Wilson. Al día siguiente un Oompa-Loompa de la Guinness Storehouse nos confiesa al compra la entrada que es su disco favorito. A las 3 horas nos lo volvemos a encontrar y nos dice que su hora de descanso lo ah estado escuchando (en el Ipop, suponemos).
-¿Es la maquinaria pesada un símbolo de estatus social en la Irlanda rural?. La duda nos corroe al perdernos por carreteras secundarias ya que rara es la casa que no tiene una escavadora a la puerta.
-La globalización es lo peor. Y los turistas ni te cuento. En un pub establecemos comunicación con una pareja de arrítmicos Austriacos. Ella nos confiesa que ha estado en Dublín hace tres semanas y que ha vuelto porque le sale más barato (40 euros el viaje en Avión) que quedarse de farra el finde en su país.
-Ponemos la radio del coche el primer día de viaje y suenan The Smiths. El locutor dice algo sobre La muerte de Grant McLennan y al rato suena el Streets Of Your Town de los Go- Betweens. Me he enterado unas horas antes de su fallecimiento y me estremezco un poco en el asiento de atrás de nuestro Vauxhall de alquiler.
-Los cines no paceren existir en el centro de Dublín, hasta que en la programación de Irish Film Centre descubrimos que se emite el documental sobre Daniel Johnston que, los lectores ya pueden empezar a bufar contra el owner de este blog, no fuimos a ver.
-Qué más... El avión aterriza en Biarritz, el sueño empieza a esfumarse y la puta realidad vuelve a cobrar fuerza a mi alrededor.

Japanese Food

Japanese Food

El concepto de cocina minimalista es algo que no creo que arraigue nunca en Irlanda. Durante dos noches intentamos dar un descanso a nuestros estómagos en alguno de los numerosos restaurantes japoneses de Dublín, pero en ellos las raciones son tas disformes como en los de cualquier pub del Southside. Ni que decir tiene que no son los mejores y más exquisitos restaurantes japoneses del mundo, pero durante una semana hemos sido turistas sin escrúpulos.
En Wagamama sirven noddles a buen precio. No es necesario pedir un menu completo para encontrarse desbordado de comida. Con un simple bol del menú principal el turista hambriento encontrará problemas para no disgustar al camarero dejando algo sin comer. Sitio moderno pero de comida más que decente y en la media de los 20 euros. Es en plan sidrería con bancos corridos y no sabes al lado de quién te pueden sentar, lo cuál tiene su gracia para poder espiar con comodidad las costumbres de los aborígenes.
Otra opción son los económicos entrantes (a menos de 5 euros cada uno). Una sopa de Miso y unas empanadillas pueden ser una buena alternativa.
En el AYA tienes dos opciones; menú (entrante, plato principal, postre, bebida y café por 30 Euros) o Sushi Bar, pagando los platos que comas. El color del plato identifica el precio de lo que te vas a comer. Si no quieres menú y optas solo por un plato principal, tampoco te vas a arrepentir. Es absolutamente recomendable el Salmón Tereyaki, que lo puedes elegir con arroz blanco o integral. El principal de Sushi es un planto la mar de contundente. En el sushi bar el postre puede tardar algo en salir, pero la paciencia será recompensada. De domingo a viernes tienen la oferta sushi 55. Empieza a las 16:00 horas y durante 55 minutos puedes comer todo lo que quieras en el sushi bar por 30 euros , y te dan una bebida y una sopa de miso. Los Sábados la oferta es a partir de las 17:00.
Solo decir que el servicio en ambos sitios ,como en casi todos los lugares de Irlanda es muy amable. En el Wagamaga, ante nuestra indecisión con el vino, M. Fue obsequiado con una copa de sake caliente. En el Aya nos incluyeron en el precio del menu el postre más caro de los dos que pedimos y que valía casi el doble, nueve euros y medio.

Irish Breakfast

Irish Breakfast

Huevo frito + Pudding Blanco + Pudding Negro + Salchicha + Alubias + Bacon Frito…
Y café y zumo de naranja y gajos de pomelo y tostadas y mantequilla y mermelada...
Un día sí y otro también.
Y donde pone Pudding, lean morcilla.

Yo conoci a Tremolo Man

Yo conoci a Tremolo Man

Efectivamente, compañeros, me puedo jactar de haber conocido a Tremolo Man. No me conoceis, y por lo tanto no
sabeis cuanto me impresionan las cosas sencillas, ni hasta qué punto me conmueven los hechos extraordinarios. Tremolo Man me conmovió sobre la hierba del Jardin Botánico de Dublin. Toda la malignidad del universo estaba condensada en los escasos 300 gramos del cuerpo de la ardilla que intentaba arrebatarle a Tremolo Man su almendra, su único substento por aquel entonces. Solo se me ocurre comparar la escena que presencié con aquella imagen de infancia en la que Sandokan abre en canal a un tigre mientras se avalanzan el uno sobre el otro. ¿No habeis sentido nunca la elentricidad de una tormenta? ¿No habeis tocado nunca a un muerto? ¡Esa sobredosis de salvaje realidad es lo que aun me eriza el vello!


Autor: Manolo La Nuit

Hostel:

Hostel:

Haciendo de tripas corazón Irlanda a sido mi primer destino turístico en el que piso un Hostel. Gracias a Diós no había en ellos ni Hippies embarcados en juegos malabares ni truculentos baños de sangre como la película que vi hace un par de meses ni insectos gigantes acechando debajo de la cama.
Kinlay House, en la ciudad de Galway ofrece cuartos compartidos con baño propio. La ducha deja algo que desear, pero las camas son cómodas (si te gustan los colchones duros). Puedes entrar a cualquier hora, te dan media hora de internet gratis cada día y el desayuno está muy, pero que muy bién.
El Abbey Tourist Hostel, en la ciudad de Ennis, tenía a priori peor pinta y sí que era algo más cutre, pero el precio estaba muy bien (22 euros por cabeza en “Double Room”) y sobre todo molaba el abuardillado de mi habitación, que daba a un río. Daban ganas de coger una guitarrita y ponerse ahí mismo a rasguear sin fin mirando a través de las ventanas e intentando no molestar a la araña que en el exterior de la misma tejía su telaraña. Era un poco rollo lo de tener que compartir un baño con otras dos habitaciones; es decir, para 8 personas. Pero bueno, manteniendo aún algo de la agilidad adquirida en mis años de balonmano, pude fintar en el pasillo a una de las eslavas del cuarto de al lado y ducharme a una hora prudencial y sin muchos charcos. La caballerosidad se dejó para la hora del desayuno, y cedí gustoso a una de las hostelesas el bote un sucedáneo de cacao de Nestlé que daba unas burbujas horribles. En este hostel te tienes que lavar lo platos/tazas que ensucias y una vez más se ve que el régimen comunista educó bien a sus cachorros, ya que las chicas, creemos que polacas, se llevaban sus propias tazas...¡y su propia comida!.
En resumen, bien lo de los Hostels y la gente que trabaja en ellos muy amable y atenta. Y como no había mucha gente pues mejor todavía.

Guinness:

Guinness:

Puede que Irlanda sea un país católico en la forma, pero en el fondo, el Dios al que se encomiendan con mayor devoción no es otro que aquel flota en la espuma de una pinta de Guinness. El Guinness Storehouse es una inmensa catedral a mayor gloria del líquido negro. Turístico y a la vez ineludible lugar en el que quedarse flipado con la devoción y orgullo con el que los propios empleados, Oompa Loompas de sangre irlandesa, trabajan en él. El edificio es enorme, aunque apenas supone una mínima parte de la fábrica, una ciudad autónoma dentro del propio Dublín, la entrada es cara y el recorrido agotador, pero te regalan una pinta de “Stout” que puede ser degustada en cualquier parte del edificio. En mi caso en la muy recomendable sala dedicada a la publicidad en la que se pasaban interrumpidamente animaciones publicitarias. Y es que un museo con alcohol siempre será más llevadero que otro sin él. Me sorprendió el logotipo del Tucán, que me encantó.
Y a uno no le extraña este afecto incondicional al alcohol, sobre todo al leer sobre el machaque que no solo Inglaterra sino la propia Irlanda y su Iglesia Católica ha ejercido sobre sus ciudadanos.
La Guinness no es la única cerveza que se consume en la ciudad de Dublín, ni en el resto de Irlanda. Las Ale también tienen buen predicamento, así como la norteamericana Miller, con un grifo en cada pub. En el Bruxelles, rodeados de parroquianos contabilizamos solo 2 guinness de entre 17 consumiciones. La mayoría de las dublinesas optaban por una copa de vino y los chicos por cervezas “Lager”...y es que los tiempos están cambiando y la Guinness, alimenticia como una comida entera, ya no es tan necesaria en la dieta de unos Dublineses más europeos de lo que uno hubiera imaginado.

Flora y Fauna:

Flora y Fauna:

Una cita ineludible en Dublín es el Jardín Botánico Nacional y perderse en él puede ser una buena idea para reponer fuerzas y huir un poco de las aglomeraciones turísticas de otros sitios de interés como la inmensa biblioteca del Trinity College. Los invernaderos del siglo diecinueve incluyen una variada flora exótica en la que destacan una numerosa colección de cactus y un rarísimo ejemplar de Pino Wollemi, una especie que hasta 1994 se creía extinguida ya que los únicos restos fósiles que se conocían de este árbol databan de la época de los dinosaurios. Junto al rió Tolka existe un paseo de tejos y grandes explanadas de hierva en la que tumbarse, aunque el turista debe andar avizor con respecto a los animales salvajes que rondan por ahí. Las osadas ardillas que copan los árboles, descendientes directos del personaje animado de Ice Age 2, no dudarán en lanzarse encima de él si detectan cualquier atisbo de fruto seco en sus bolsillos.

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Expensive:

Expensive:

¿Es Irlanda un país caro?. Pues sí pero no. Es decir; es tan caro como Donosti o Clarksville. Una pinta de Guinness es raro que pase de los 5 euros ya seaen un pub dublinés abarrotado de encorbatados habladores de “Dart” (el acento del dublinés pijo, y el que, reconozcámoslo, mejor entienden mis ineptos oidos) o en el único pub de Moate, a medio camino entre Dublín y Galway. Un “short” de alcohol de alta graduación está en unos 5 euros. Los CD’s nuevos son más o menos igual de caros que aquí (a unos 9-10 euros la serie media y casi nunca menos de 18 el resto, como el recopilatorio de singles de Vic Godard & The Subway Sect). En cambio los libros son un chollo ya que la ciudad se encuentra llena de librerías-outlets. Es cierto que la primera visión que uno se lleva de los gustos literarios del país es tan horrorosa como la de estas tierras: por comprar un móvil de la compañía O2 te regalan "El Código Da Vinci" y en muchas tiendas podías comprar 3 libros de Dan Brown al precio de 3. Pero uno entra en The Secret Book And Record Store y todo cambia. Como pisar el paraíso. A los 5 segundos ya tenía en mis manos una impecable primera edición del voluminoso “The Faber Book Of Pop” que editaron Hanif Kureishi y Jon Savage en 1995 por 9,50 euros.
Hacer la compra en un Spar o similar no significa la ruina familiar a no ser que uno quiera comprar un queso que no sea Cheddar (unos 2 euros los 250 gramos). Es curioso que en un país en el que el número de vacas y ovejas será similar al de seres humanos el queso sea un artículo de lujo. Un queso autóctono que se saliera del estandar Cheddar rondaba los 25 euros los 250 gramos, algo totalmente incomprensible.
Comer de manera decente en cualquier restaurante tampoco es un suicidio económico y el turista hambriento cuenta con la ventaja de que el Irlanda aún no han descubierto el concepto de “Cocina Minimalista”. Pongamos que 20 euros por cabeza y con la ventaja, debido a las inmensas proporciones de las raciones, de que con un Irish Breakfasts y una comida fuerte, el tema de la alimentación ya está solucionado.

Dumping:

Dumping:

"No Dumping" es la señal de tráfico por antonomasia de las carreteras Irlandesas. La respetamos al pie de la letra. Aunque el cartel más expectacular se situaba en la M50 y rezaba algo así como "El suicidio nunca es una solución".

Callejear:

Callejear:

En contraste con Baggot Street, Merrow Row y St Stephen’s Green N. , las tres calles que siempre atravesábamos para volver a nuestro H.Q. sito en Waterloo Road, al callejear en pos del turístico Guinness Storehouse, nos dimos de bruces con una calle que define el Dublín obrero, Meath Street. Es esta la calle de la Gente Común a la que cantaban Pulp. Si esto fuera Derry, nos hubiéramos topado con familiares cercanos de The Undertones, seguramente exdueños de ese amplificador Marshall que por 99 euros se ofertaba en el escaparate de un C&C. Carnicerías, "Todo a 2 euros", mercadillos de ropa y calzado, amas de casa, tarambanas diplomados y algún que otro delincuente en potencia se apelotonaban en las estrechas aceras de un barrio poco turístico y altamente atractivo por eso mismo.

Bed And Breakfast:

Bed And Breakfast:

Si quieren emociones fuertes viajen en coche un día de lluvia por las carreteras de Connemara con un mapa adquirido en la oficina de turismo de Clifden. Descubrirán con asombro que los pueblos de la R340 son como el escocés Brigadoon. Pueblos fantasmas que no siempre están ahí. Ponerse como meta Spiddal y terminar en Oughterand puede resultar un poco fustrante. Pero gracias a ello aterrizamos de casualidad en la casa de Ann Kelleber. River Walk House fue un pequeño paraíso de colchas de raso, edredones nórdicos, Kettles y amabilidad en medio de un pueblo afrancesado amante de la pesca con mosca.
Waterloo Lodgefue nuestro refugio dublinés. Un perfecto cuartel de operaciones a 15 minutos andando del centro de Dublín y en una zona más bien pija en la que las oficinas de abogados y notarios igualan a las de pubs y restaurantes. habitaciones amplias con "Tea And Coffee Facilities" a precios razonables. Atención al acento, rápido y a golpes, de los dueños de la casa, puramente dublinés y casi, casi incomprensible.

Acantilados de Moher

Acantilados de Moher

Asomarse a este acantilado de la costa oeste irlandesa tiene algo de mágico. A pesar del evidente tinglado turístico montado a su alrededor es fácil imaginarse este lugar hace unos cuantos siglos y el respeto que impondría a los habitantes de la Irlanda primigenia. Incluso con caminos acotados y muros de seguridad, la atracción al vació que provoca el asomarse a su borde sigue siendo fuerte, extremadamente fuerte. La remodelación a la que están sometiendo el lugar, que incluirá un restaurante panorámico, cafetería y tienda de artesanías terminará por convertir este lugar en la disneylandia de la costa oeste.

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1ª Impresión

1ª Impresión

Ahorremonos detalles sobre el viaje en avion, sobre el alojamiento y sobre otros temas banales. Lo importante es segnalar que la primera guinnes fue en el P. Egan, un pub del pueblo de Moate. Lo segundo importante es segnalar que la primera comida tipicamente irlandesa fue en Galway. El restaurante es totalmente recomendable y su camarera un angel irlandes que aceptò darnos de cenar a una hora en la que justo iba a cerrar. El eslogan del Finnegans es "Traditional Irish Food" y por 14 euros uno puede comerse un entrante de dimensiones còsmicas (Una montagna de salmòn ahumado, ensalada de zanahoria, tomate y lechuga). De segundo un inacabable plato en el que tras dos bolas de purè de patata se ocultaban dos amburguesas caseras flanqueadas por batata y zanahoria cocida y dos patatas tambièn cocidas. Mucha patata. M. se tomò dos platos que terminaban en "Irish"; una crema de marisco de "La Costa Oeste" y un estofado de cordero servido con berza. Z. se apuntò a una raciòn de salmòn fresco.[continuarà...]

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